Caminos ancestrales I : La fortaleza de Ollantaytambo y el Qosqo Ayllu

sábado, 30 de julio de 2011


Ahora dejaba atrás Lampa y sus maravillas y dispuesto a continuar “descubriendo” sitios poco conocidos decidí irme hacia Ollantaytambo pueblo que si bien es parada obligatoria de cientos y cientos de turistas tiene todavía rincones desconocidos plagados de historia y tradición. Te invito a caminar por su historia conmigo... 

BUSCANDO OLLANTAYTAMBO

Desde Lampa llegué a Juliaca para tomar un bus de regreso a Cusco, lugar donde había empezado ya todo este viaje que hasta ese momento me había dejado conocer Huchuy Qosqo (Cusco) y navegar en kayak por el lago Titicaca (Puno). La "terminal de buses"  de Juliaca no es sino el cruce de un par avenidas donde campea la informalidad. Allí hay que estar muy atento para ver cuál es el bus que está por partir porque no lo hacen sino hasta estar llenos. Yo tuve que esperar una hora y media (¡!) en un viejo bus de la empresa EL SUR. Habría sido mejor irse a Puno y tomar un transporte confortable desde allí pero eso me iba a llevar un par de horas más por lo que me resigné a tomar el ómnibus en la misma Juliaca. Por fin salimos a las 09 y 30 am y como era de esperarse el bus paró en cuanto pueblo le fue posible y subió en él cuanta gente pudo. El viaje tomó poco más 7 horas, cuando usualmente se hace en menos de 6; para empeorar todo no llegamos a la terminal del Cusco porque aparentemente el conductor  no tenía ciertos permisos y nos dejaron en un barrio a las fueras de la ciudad. TIP: Hay una oficina de CRUZ DEL SUR en Juliaca donde sería bueno comprar con suficiente anticipación un ticket para el bus que viene de Puno y se va hasta Cusco.

Llegado allí me hospedé de nuevo en EL TORCASA HOSTAL y por la noche me fui a buscar un restaurante en la calle Quera, que es la continuación de la calle Almagro, y donde siempre se encuentran buenos almuerzos y cenas  a precio mochilero (2.50 a 4 soles). Al día siguiente desperté muy temprano y después del desayuno me fui caminando hacia el puente Grau a tomar un mini bus hacia URUBAMBA. Al llegar allí de inmediato tomé una combi hacia Ollantaytambo. El camino está salpicado de amplios campos de maíz, de hecho aquí se produce el mejor maíz blanco del mundo. A ambos lados del río no es raro ver inmensas terrazas o andenerías incas. Hasta que llegamos al “santo grial” del valle de Urubamba: Ollantaytambo.

La combi entró por la CALLE DE LAS 100 VENTANAS y yo me apeé en la plaza del pueblo desde donde me fui a buscar hospedaje. Sabía que en el BARRIO SAN ISIDRO había familias que hospedaban viajeros por lo que crucé el puente que se alza sobre el río PATACANCHA y que une la PLAZA PRINCIPAL con la PLAZA ARAQAMA (otros le llaman MANYARAKI). Desde allí se ve en todo su esplendor la fabulosa FORTALEZA DE OLLANTAYTAMBO. 

Fortaleza de Ollataytambo
Al lado de este fantástico centro arqueológico se abre la carretera que va hacia Quillabamba así que por allí me fui hasta que unos minutos después pude ver, a la izquierda, la entrada hacia el barrio de San Isidro.  Llegué hasta el HOSPEDAJE KILLA que pertenece al señor Cosme Condori (ex porteador del Camino Inca). Es una bonita casa de 2 pisos y una de las pocas que tiene agua caliente. El señor Condori tiene allí mismo una tienda. Tuve suerte pues era el único huésped así que tenía todo el segundo piso para mí. La desventaja es que por la noche la carretera para volver al pueblo es algo oscura por lo que siempre es bueno salir con linterna. Me cambié de ropa y preparé la mochila para irme a mi primer destino.

EL PUEBLO Y LA FORTALEZA

Estratégicamente ubicado entre Machu Picchu y el Cusco, Ollantaytambo (2,800 msnm) fue uno de los lugares más importantes durante la era del imperio; y es, de lejos, el pueblo inca mejor preservado del Perú lo cual salta a la vista cuando se camina en sus estrechas calles y se ven sus viejos canales de irrigación que aún son usados o cuando se descansa a la sombra de las pétreas puertas trapezoidales de sus casas y, lo mejor, sigue habitado hasta la actualidad como hace cientos de años lo fuera por otras gentes, ancestros seguramente de los que ahora viven en estas vías empedradas y estrechas. Es, en verdad, una pena que todos los visitantes pasen por este pueblo solo por un par de horas pues hay mucho por conocer sobre este sitio, más allá de la FORTALEZA.

Vista del pueblo de Ollantaytambo desde la fortaleza
Un poquito de historia: Durante el reinado de Pachacutec los incas conquistaron a una etnia que habitaba este lugar (los Ayarmacas) y el soberano junto a su panaca o familia (Hatun Ayllu Panaca) convirtieron Ollantaytambo en un gran complejo agrícola, extendieron sus terrazas y canalizaron las aguas de los ríos Vilcanota y Patacancha para regar sus fértiles tierras. Los pueblos incas (o llaqtas) fueron organizados en dos mitades acorde con el principio andino de dualidad complementaria. En el caso de Ollantaytambo estas divisiones corresponden a los grupos QOSQO AYLLU y ARAQAMA AYLLU. Es precisamente en este último donde se ubica "La Fortaleza" y donde iniciaría mi visita. Llegué muy temprano para evitar la aglomeración de gente. La entrada se hace desde la magnífica PLAZA ARAQAMA, que es una explanada trapezoidal rodeada de altas paredes hechas en estilo neo inca. Desde esta plaza uno puede tener al frente los 16 niveles de terrazas que conforman la columna vertebral de la fortaleza. La entrada es 30 Soles, lo cual te da opción de visitar solo estos restos arqueológicos. Podría haber comprado EL BOLETO TURISTICO (70 soles) que me daba más opciones pero como no tenía tiempo para conocer los otros lugares tuve que contentarme solo con pagar la entrada a este magnífico sitio. 


Escaleras en la fortaleza de Ollantaytambo
Trabajo lítico en la fortaleza Ollantaytambo

Lampa II : dejando la hermosa "ciudad rosada"

miércoles, 27 de julio de 2011

Una entrada más para continuar relatando nuestra visita a la bella ciudad de Lampa de la que ya habíamos visto parte de sus encantos en la entrada anterior pero que aún guardaba muchos más...  

Pintó el hambre y me fui a comer al restaurante LAS DELICIAS. Luego salí a sentarme en una de las bancas de la plaza que también fue mandada a remozar por... sí, adivinaron, Torres Belón... es un lugar muy bonito y, cosa peculiar, adornada por árboles de queñuas en todas sus entradas.  No deben ser muchas las plazas adornadas con este tipo de árboles y sinceramente es un detalle fantástico. Hay también en el medio una fuente donde están representadas las muchas danzas típicas de este pueblo, entre ellas la famosa danza de los AYARACHIS quienes, se dice, bailaron en los funerales del Inca Atahualpa.

Plaza de Lampa
Fuente de la Plaza de Lampa
En esta plaza hay, también, una casa famosa llamada LA CASA DEL JUEGO DE LA OCA, que perteneció a la familia Bouroncle Carrión. Me dijeron que el dueño de la casa cobra 2 soles la entrada y 10 soles por tomar foto. Me espanté de saber el precio a pagar por una foto; por menos he entrado a inmensas ruinas preincas. Varias personas a quienes pregunté me dijeron que les parecía un precio abusivo. Igual, busqué al dueño para saber si por un precio más justo me podía dejar entrar para tomar fotos, pero nunca lo encontré pese a que lo busqué tres veces. Lo único que hallé fue un afiche en el cual aparecían su nombre y foto y se le promocionaba como candidato a alcalde de Lampa. Debajo de la foto decía MARCA LAS TRES ESTRELLAS (símbolo del partido del gobierno) y entonces entendí mejor ciertas cosas. Igual, si alguien está interesado o interesada hay que decir que el "juego de la oca" era un divertimento español que se jugaba en una mesa y con dados. Lo peculiar aquí es que el juego es del tamaño del patio. Lo vi desde las rendijas de la puerta. Sobrevive maltratado y, hasta donde sé, ya nadie sabe cómo jugarlo, las reglas se perdieron en el tiempo. Aunque esto no era exclusivo de los hacendados españoles, se cuenta que la casa de Torres Belón (que es hoy el colegio Juan Bustamante), tenía un juego ajedrez del tamaño de  toda la superficie de su patio.

El Puente Colonial : vistas lejanas

Bajé por la calle Municipalidad hacia las afueras del pueblo donde está el PUENTE COLONIAL que es una joya arquitectónica que en 1840 fue reconstruida en piedra y revestida con sillar y que ahora es usado solo por peatones. Es un buen sitio para ver el Coachico, que es un volcán apagado, además de los tejados y la cúpula de la iglesia de Lampa. Antonio Raimondi, el sabio italiano que viajó por todo el Perú, habla del puente en sus escritos y cuenta que aquí vio picaflores gigantes. En algunas revistas he visto fotos muy bonitas del lugar pero con el bajo nivel del río salían a relucir la basura y desperdicios que están al pie de las bases del puente, una pena. Al lado se estaban construyendo un mirador eco - turístico que de ecológico no tenía nada... cemento sobre cemento.

Puente Colonial de Lampa

Lampa: Catacumbas, calaveras y genios en el altiplano

domingo, 24 de julio de 2011

Luego de haber estado remando sobre las aguas del majestuoso Titicaca y haber pasado una noche de esplendorosa luna llena en la isla de Amantaní había llegado el momento de continuar y ahora tocaba conocer un lugar fascinante y casi secreto. La ciudad rosada de Lampa…

"...quien viene a Lampa, cae en la trampa... y quien se escapa, deja su capa"

Es imposible no enamorarse de Lampa a primera vista, eso es inevitable al encontrarse con un pueblo donde el silencio lo colma casi todo y el ritmo de la vida avanza sin ramalazos de furia ni apuro. Pasear por sus solitarias calles le da al viajero la sensación de que ha dado un salto en el tiempo y se ha metido en un mundo pintado en blanco y negro. Pareciera que uno está caminando por allí a inicios del siglo 20 cuando la gente de Lampa rechazó la llegada del ferrocarril y esta decisión los sumió en una especie de ostracismo pero también los salvó de la modernidad destructora. Al final, la estación se construyó en Juliaca.

Plaza de Lampa

Caminando sin rumbo por los rincones de este pueblo puneño encontré hospedaje en la casa del señor Edgardo Méndez, hombre extremadamente amable y dueño de una gran sapiencia en cuanto a la historia  de Lampa lo cual lo hace la mejor fuente de información para todo lo que haya que conocer. Salí a conocer las bellezas de esta villa acompañado de mi anfitrión y llegamos hasta la plaza donde apareció, imponente y descomunal, una de las iglesias más bellas que haya visto en mis viajes por el Perú: la Iglesia de Santiago Apóstol. Un edificio de grandes proporciones que no parece encajar en un pueblo tan pequeño: es la herencia de un tiempo en la cual Lampa era el paso obligado desde Cuzco o Arequipa hacia las ricas minas del Alto Perú y tenía una población 50 veces más grande de la que ahora tiene. Aquí volvería más tarde.

Vista de la Iglesia Santiago Apóstol desde el municipio de Lampa
Fuimos a la casa de don Jesús Abad Vargas, poseedor de una colección de ídolos de la cultura Pucará, artefactos líticos, cerámicas pre incas, aríbalos, un kero gigante (mide medio metro y debe ser el más grande en el Perú), momias, recipientes coloniales y arcabuces españoles usados durante la conquista. Es una colección algo desordenada pero encantadora que guarda en su museo privado llamado MUSEO KAMPAQ, reconocida por el INC en 1997.  Luego nos fuimos a la plaza donde don Edgardo me dejó porque él debía hacer unas gestiones.



¿Qué ver en la ciudad de Puno?

sábado, 23 de julio de 2011


Catedral de la ciudad de Puno
Muchas veces se piensa que la ciudad de Puno no tiene nada que mostrar más que su portentosa y hermosa CATEDRAL pero creo que hay lugares donde uno la puede pasar muy bien, solo es cosa de buscar. Aquí algunos datos:
Debes ir por un buen café a LA CASA DEL CORREGIDOR (Deustua 576, al lado de la Catedral) que es una casona del siglo 17 que conserva su trazo original. El pórtico de piedra fue hecho por el mismo arquitecto que hizo las torres de la Catedral. Es el sitio más encantador y en cuyo patio se puede tener una animada conversa y sentir pasar el tiempo sin que nos importe. En sí, es un Centro Cultural donde también hay también una tienda del Comercio Justo, una Agencia de Viajes que trabaja con una comunidad del sur del lago y, en la parte de atrás, un patio muy hermoso donde hay un local para reuniones, exposiciones y tertulias. Fui en la tarde pero el Café estaba cerrado; al volver en la noche (7 pm., aprox) ya atendían.
Fachada de LA CASA DEL CORREGIDOR


En las islas del lago Titicaca... una vez más

viernes, 22 de julio de 2011

Luego de la aventura de cruzar en kayak el lago Titicaca (susto incluido) llegué a las islas del Titicaca a descansar y a disfrutar de un lumniso atardecer y por la noche de una luna llena que desbordaba una luz ilimitada...
En Amantaní Pueblo debíamos ir a buscar a Amadeo Cari que es el comunero en cuya casa algunos de los pasajeros de EXPLORANDES se solían hospedar. Pegamos la subida (tremenda con el peso de las mochilas) desde el puerto y llegamos a la casa. Don Amadeo se había ido a Taquile pero su esposa nos atendió. No había ningún turista hospedado ese día así que teníamos el hogar para nosotros. Esta casa es de lejos la mejor y la más cómoda que haya conocido en mis viajes a las islas. Aunque claro, la atención y el cariño con el que me atendieron fue el mismo. Tomé una habitación con vista al lago. Era una epifanía. 
Subiendo hacia Amantaní Pueblo
Comí y en la tarde nos fuimos al PACHATATA (el sitio más elevado de Amantaní desde donde se tienen unas vistas descomunales del lago) a ver el atardecer. Había muchos turistas y conversé con los amigos de Roger, también guías, que eran muy graciosos. En un momento toda la gente reunida allí se quedó en silencio cuando vimos en el poniente la luz del sol diluyéndose al otro lado del mundo; una flama con forma a crepúsculo; un fabuloso incendio desbocado en algún sitio desconocido; allí donde nuestros sueños y preguntas nos ha llevado desde que el hombre es hombre. Dentro de mí pensaba en lo mucho que tenemos y en lo poco que hemos cambiado desde que hemos empezado a poner nuestra venenosa huella en esta tierra. Hoy tenemos tanta ciudad, tanta modernidad, tanta tecnología y sin embargo seguimos siendo los mismos que hace miles y miles y miles de años se sentaban a ver un atardecer y llenaban sus almas de preguntas ilimitadas, del temor a la ausencia de respuestas.
Atardecer en el Titicaca, visto desde el Pachatata de Amantaní

En kayak por el lago navegable más alto del mundo

martes, 19 de julio de 2011

 
 Después de la aventura en HUCHUY QOSQO había que continuar el viaje. Esta vez la brújula apuntó hacia el sur; el gran lago Titicaca (uno de mis lugares preferidos en el Perú, de lejos) esperaba por mí. Así que puse la mochila a la espalda y me fui a la terminal de buses del Cuzco para continuar el viaje.


La ruta de Cuzco a Puno es una cadena de pueblos al cual más interesante. Hace un tiempo escribí sobre este trayecto y los muchos tesoros escondidos que algunas de las villas de esta zona esconden: desde iglesias coloniales con murales fantásticos hasta palacios incas de altísimas paredes. El punto más alto de esta vía es el Abra La Raya donde hay unas vistas de los nevados que son un desvarío. Desde este punto el bus se abre paso en el interminable y monótono altiplano hasta que muchas horas después aparecen unos barrios llenos de casas con paredes sin revoque que parecen cataratas de cemento que caen en picada hasta las orillas del infinito Titicaca: hemos llegado a Puno.

Abra la Raya, punto más alto del camino de Cuzco a Puno
En la estación me esperaban Demetria y Carlos, amables compañeros de trabajo encargados en Puno de la sucursal de EXPLORANDES, empresa para la que entonces trabajaba, y me llevaron al  IMPERIAL HOSTAL donde habían reservado una habitación para mí. Luego de comer caminé un poco por esta ciudad para recordar lo feliz que fui durante la FIESTA DE LA CANDELARIA. A la mañana siguiente no podía más de la emoción. Sentí una vez más esa ilusión que experimentaba de niño cuando llegaba el día en que íbamos a viajar a algún sitio con mi madre. A las 06 y 45 a.m. Carlos me recogió y me llevó al puerto de Puno donde esperamos al grupo de turistas de EXPLORANDES a quienes me uniría para cruzar en kayak una parte de ese país de agua llamado TITICACA. Allí conocí a ROGER, quien sería el guía. Por fin, pasadas las ocho de la mañana nuestra lancha dejaba Puno y se adentraba en el lago mientras que en medio del celeste infinito del cielo serrano se veía al sol como una antorcha y alrededor de su llama salió un arco iris redondo que parecía tenerlo prisionero. 


Arco iris alrededor del sol

Llegamos a las 09 y 20 a.m. al pequeño puerto de LLACHON, que es una comunidad que se encuentra casi en el extremo de la península de CAPACHICA. Allí nos recibió Valentín Quispe hombre humilde y amable que mira y habla con esa sencillez y esa tranquilidad de quien se acompaña cada día, cada hora, de la paz que rumorea en las orillas de lago. Es bueno saber que el dueño de esos gestos suaves es uno de los protagonistas de una de las mejores iniciativas del turismo peruano. En 1996 la comunidad en pleno decidió crear un PROYECTO DE TURISMO RURAL SOSTENIBLE y así atraer a los turistas a quienes veían irse a las islas del lago. Al principio era muy poco lo que recibían y Valentín tuvo que ir de agencia en agencia ofreciendo los servicios de su comunidad hasta que la empresa EXPLORANDES decidió trabajar con ellos y les proveyó de una buena cantidad de KAYAKS y de esta mutua asociación nació una de las mejores experiencias viajeras del Perú: TITI KAYAK
Acercándonos a LLachón
Pequeño embarcadero de LLachón

Caminando hacia Huchuy Qosqo... El pequeño Cusco

sábado, 16 de julio de 2011


“No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y el camino a mis pies”,  leer esta frase de Robert L. Stevenson me abrió una especie de apetito vital por lo que decidí salir a buscar ese grial llamado libertad. Contaba con 12 días que pensaba aprovechar al máximo y sobre los cuales escribiré desde esta entrada y a los cuales en su conjunto denominaré: 12 DIAS DE AVENTURAS EN EL SUR PERUANO. Así que una mañana nublada de noviembre llegué por enésima vez a ese fascinante universo llamado Cuzco. Dejé la mochila en el hostel y me preparé para salir. El plan era llegar a las fabulosas ruinas de HUCHUY QOSQO. 

Pero antes pasé por el Mercado de San Pedro, donde siempre es más barato comer, y luego de tomarme un jugo y unos panes y comprar algunas provisiones para la caminata me sentí tan bien que pensaba que podía subir al Himalaya como quien sube al techo de la casa a tender la ropa. 

Llegar a Huchuy Qosqo no es fácil ya que demanda vigor y tiempo, pero bien vale la pena el esfuerzo. El camino más corto es el que sale desde el pueblo de Lamay, ubicado en el “Valle Sagrado”, entre Pisac y Urubamba. Aunque desde allí todo es un ascenso tan duro que más que caminar pareciera que escalas una montaña. También se puede tomar un taxi desde el pueblo de Calca, muy cerca de Lamay, y llegar hasta un anexo que está a 10 minutos de las ruinas (esto es un dato que me dieron en Lamay). Otra opción es el camino que yo anduve y que al ser más largo, y por ende algo extenuante, es menos frecuentado y te permite disfrutar de una mayor variedad de paisajes ya que te lleva desde los 3750 metros sobre el nivel del mar hasta los 4400 para terminar en los 3040, lo que significa cruzar las montañas que hay entre el pueblo de Chincheros y el “Valle Sagrado”.  Para eso hay que tomar desde Cuzco los buses que van hacia Urubamba (ojo, vía Chincheros) y pedir al “cobrador” del transporte que te deje bajar en el desvío a la comunidad de TAUCA (a unos minutos de Chincheros) adonde se llega luego de una hora de viaje. Usualmente hay allí algún taxi-colectivo. Contacté con LENIN, un muchachito que conduce el coche de su padre y que sueña con estudiar medicina. Por 12 soles me llevó hasta TAUCA pero en el camino paramos para ver de cerca la inmensa laguna PIURAY que según Lenín es la fuente de agua de la ciudad del Cuzco. En la orilla de enfrente brillaba la torre de la iglesia de UMASBAMBA, una de las más antiguas de la zona. Hicimos 15 minutos hasta Tauca y por 3 soles más me llevó hasta las afueras del pueblo, adonde el coche ya no avanzaba más por lo empinado de la subida. Era hora de empezar a caminar.
 
Laguna Piuray

Iniciando la caminata hacia HUCHUY QOSQO

Al inicio el sendero no tiene pendiente y se abre paso en una angosta quebrada. No hay curvas ni cruces de caminos por lo que es imposible perderse. Me acompañó por unos minutos un muy amable campesino llamado Rosalino. Me habló de sus cultivos de papas sin pesticidas y yo imaginé lo deliciosos que debían saber. Pasé a un grupo de turistas que iban con su guía hasta que el camino avisó su final en las faldas de unos cerros muy grandes. Era como haberse metido en un callejón sin salida. En los cerros que tenía a mi derecha pude ver a unos arrieros que iban subiendo hacia el primer “abra”, trasladaban a lomo de bestia las mochilas de los turistas que yo había pasado y entonces decidí seguirlos.  



Por fin alcancé el “abra” y encontré un par de apachetas. Dejé una piedra en una de ellas a modo de pedir protección para lo que faltara del camino. Inicié el descenso por el sendero que se abría a mi izquierda mientras veía abajo una laguna que según los arrieros se llama ESOCOCHA, aunque es posible que el nombre sea otro y que yo haya entendido mal el quechua; no tenía mapa alguno para confirmarlo la verdad es que soy un caminante bastante desordenado que, irresponsablemente, no lleva mapas y lo deja todo a la pura intuición. Cosa que no es muy recomendable. 15 minutos después llegué al segundo “abra” y ahí encontré un letrerito que señalaba el camino hacia las ruinas. Desde allí la vista era pura miel: una puna interminable, detrás varios picos perpetuamente vestidos de blanco y sobre éstos una densa maraña de nubes que no acababa nunca. 

Apacheta en el primer "abra" camino hacia Huchuy Qosqo

Salisbury y su magnífica catedral

miércoles, 13 de julio de 2011


Decidimos continuar nuestro paseo en las afueras de Londres y en unos pocos kilómetros dejamos un centro ceremonial de la Edad de los Metales (ver entrada anterior sobre Stonehenge y Avebury) para pasar a otro perteneciente a la Edad Media: la catedral de Salisbury, considerada una de las más hermosas (sino la más) de Inglaterra.



Contábamos con muy poco tiempo para esta visita así que nos centramos en conocer el recinto religioso aunque algo de tiempo tuvimos para callejear  por Salisbury y darnos cuenta de que estábamos en un bello y tranquilo pueblo que es arrullado mansamente por el sonido de las aguas del río Avon, con cuidados jardines y avenidas adornadas con flores, callecitas empedradas y edificios con elegantes detalles arquitectónicos.

Salisbury

Salisbury

Salisbury

Salisbury
Salisbury
Salisbury

Llegar a la Catedral es fácil, solo hay que orientarse por los 123 metros de altura de su torre lo que la hace la mas alta de toda Inglaterra; y cuyo peso, 6500 toneladas, ha hecho peligrar la estabilidad del conjunto habiendo sido necesarias obras para contrapesar el desbalance. Es más, la aguja de la torre se ha inclinado 75 cm debido a eso. Actualmente (2009) una lateral de la Catedral, la pared norte, está siendo restaurada.

Enigmas de Piedra: Stonehenge y Aveburyhenge

lunes, 11 de julio de 2011

 
La brújula del azar apuntó hacia Inglaterra, lugar donde nunca imaginé vivir. Pero como el azar lo es todo pues me dejé llevar y creo que fue una de las mejores etapas de mi vida. Pude conocer mucho y perderme en el laberinto londinense -incursiones sobre las que escribiré más adelante- pero también me di tiempo para conocer los lugares que estaban más allá de los extramuros de la babélica capital inglesa y el primero de ellos fue Stonehenge a donde fuimos invitados por nuestro gran amigo y “landlord” Andrew.


Dejamos ese universo llamado Londres esperando que en una hora y media de viaje demos un salto tremendo de la modernidad absoluta a la edad de los metales pero grande fue nuestra sorpresa cuando nos vimos atascados en medio de un trafico "monumental" lo que hizo que tardásemos una hora más. La impaciencia por llegar le dio paso a la alegría cuando apareció de la nada el pétreo perfil de ese conjunto de famosos megalitos que el mundo entero conoce como STONEHENGE.  


 
Nunca nos hubiéramos podido imaginar que el famoso lugar estuviera casi cruzado por dos carreteras principales; tan accesible, a la vista de todo el mundo y solo protegido por unas feas redes metálicas que no impedían que desde fuera se pudieran observar los dólmenes que lo conforman. Al ir a la taquilla comentamos que quizás no tenía mucho sentido pagar los 6.60 pounds que cuesta la entrada de acceso para los adultos pues, aparentemente, ya lo habíamos visto todo desde fuera. Sin embargo, entramos... pero antes aparcamos el coche en medio de un gran campo habilitado especialmente para ello, previo pago de 3 pounds, y nos comimos los bocadillos y las frutas que habíamos llevado con nosotros.  En esta área existe un puesto que vende snacks y bebidas y también baños. Casi en la entrada principal llaman la atención un grupo de gente vestida como se supone lo hacían "los druidas", aunque más parecen unos neo hippies. Son los practicantes del Neo-paganismo. Ellos solían practicar festivales y rituales alrededor de las ruinas pero debido a ciertos eventos violentos ya no se les permite realizarlos. 



Las ruinas circulares: Andenes de Moray

viernes, 8 de julio de 2011


Luego de visitar las sorprendentes salineras de Maras era hora de continuar hacia las "ruinas circulares"...

Llegar a MORAY es un poco más complicado ya que los colectivos que salen desde el “ramal” sólo llegan hasta la plaza de MARAS y van a MORAY haciendo un servicio particular o por alguna razón importante. Intentamos encontrar de nuevo alguien que nos jale pero nadie iba hacia allí por lo que decidimos negociar el precio con un taxista. Eduardo nos propuso 30 soles, al final acordamos 25. Nos llevaba hasta las mismas andenerías y nos esperaba por una hora para traernos de vuelta hasta la plaza de MARAS. Otro modo de llegar es caminar para empalmar ambos pueblos unidos por una pista afirmada de 9 kilómetros que se abre en medio de paisajes cuya belleza apenas es concebible. Algunos jóvenes del pueblo se prestan para guiar a la gente a cambio de un pago.

Ya en las ruinas de  Moray pagamos la entrada (10 soles, estudiantes 5). Yo no podía más de la emoción debido a que siempre había soñado conocer este lugar y ahora estaba a minutos de verlo. En una pequeña explanada se estacionó el carro. Luego bajas, caminas un poco y de súbito la tierra parece hundirse y ante tus ojos aparece, sorpresiva como un navajazo, la imagen de los andenes circulares. 150 metros de profundidad y belleza.


Un paisaje único cuyo particular diseño, adaptada a las pendientes naturales de los cerros, no hace sino más que confirmar la sapiencia del hombre andino: haciendo las cosas en perfecta armonía con la naturaleza. Por momentos uno cree que está caminando en medio de un anfiteatro griego.

MORAY fue en realidad un laboratorio; un centro donde se experimentaba con distintos cultivos, de ese modo se sabía sus reacciones a diferentes altitudes y climas. Las graduaciones de sol, sombra y la elevación entra las terrazas crean dramáticas diferencias de temperatura: se sabe que entre el primer y último nivel se pueden notar diferencias de temperatura que varían en 15º C. Lamentablemente el sistema ya no funciona completamente puesto que las aguas han sido desviadas.



Las salineras de Maras

martes, 5 de julio de 2011

  
Desde el café Ayllu la plaza de Cuzco se veía mucho más animada de lo acostumbrado. El “Taytacha Temblores” había salido a recorrer la ciudad y el ambiente estaba perfumado de incienso. Detrás de las casonas, al otro lado de la plaza, al otro lado del mundo, un incendio se extendía en todo el horizonte; la luz ensangrentada del sol iluminaba apasionadamente esas calles repletas de historia. Corté en dos el “lengua de suegra” que reposaba en mi platillo mientras que  en todo el ambiente del café se oía una delicada pieza de música clásica. *


Tenía empozada en el alma ciertos resabios de nostalgia o melancolía, cosa bastante rara de sentir en una ciudad donde todos los días parece ser sábado; así que a modo de despercudirme un poco de esos sentimientos decidí aprovechar el día libre que tenía mientras estaba con un grupo de turistas en la capital imperial y me fui a buscar dos de sus maravillas menos conocidas...
 



SALIR AL SOL

Luz delicada del sol sobre el corazón del mundo, ideal para espantar tinieblas. Decido irme a conocer LAS SALINERAS DE MARAS y LOS RESTOS ARQUEOLOGICOS DE MORAY. Para conocer estos lugares no se necesita más de medio día. El hecho de leer por allí que eran sitios en los cuales uno no se cruzaba con grupos de turistas me hacía pensar que podía ser ideal para pensar, relajarme un poco.

Para llegar a Maras y Moray, hay que tomar el bus que va desde Cusco a Urubamba (ojo: por la vía que va a Chincheros). El paradero se encuentra en la primera cuadra de la avenida GRAU, cerca al puente, a tres cuadras del CORICANCHA. Los coasters o minibuses salen cada 5 a 10 minutos y el pasaje cuesta 3.50 soles para un viaje de 1 hora y 30 minutos. Es mejor ir temprano porque los buses van atestados de gente y también tratar de sentarse en la ventanilla para que disfrutes durante el viaje de la belleza del valle de Urubamba.

LA SALINERAS DE MARAS

Al pasar Chincheros se debe avisar al cobrador del bus “BAJA EN EL RAMAL DE MARAS” (km. 50 de la carretera CUSCO – URUMBAMBA). En ese lugar siempre se encuentran unos colectivos (coches que hacen una especie de servicio de taxi compartido con más viajeros) que por 1 SOL te llevan hasta el pueblo de Maras (a 4 km o 10 minutos).

Pequeño villorrio que vivió prósperamente durante la Colonia debido a la explotación de sal: esto se puede notar en las lápidas de piedra que adornan las fachadas de varias de las casas en la calle Jerusalén. También se pueden ver blasones y otras figuras de la parafernalia a la que era adicta la nobleza de entonces. En el colectivo tuve la oportunidad de conocer a Ariel y a Paola, una pareja de argentinos muy gentiles con quienes pasé un gran día.


Hay 2 opciones para llegar a LAS SALINERAS. Una es contratar en el mismo RAMAL DE MARAS uno de esos “colectivos” que por 15 a 20 soles te llevan hasta allí y te esperan hasta que termines la visita para luego llevarte hasta el pueblo de MARAS. Otra es hacer lo que hicimos nosotros que es buscar el camino de herradura que sale directamente desde MARAS hasta LAS SALINERAS adonde puedes arribar después de 5 kilómetros o 50 minutos de caminata en medio de un paisaje de fantasía.

Es necesario pedir que te indiquen la dirección constantemente puesto que no hay señalización alguna. La senda va asida a las faldas de unos cerros en cuyas superficies se nota el color blanquecino de la sal lo cual es un buen aviso de que estás yendo por el sitio indicado.  

De pronto LAS SALINERAS aparecen sorpresivamente y el estupor es inevitable. Escalones blanquísimos contrastando contra las verdes faldas de los cerros que la rodean y al fondo el mítico río Urubamba que serpentea en uno de los más hermosos valles del Perú. Llegamos hasta la entrada y pagamos el ticket (5 soles). El lugar cuenta con todos los servicios y “afortunadamente” no había más que una decena de turistas por lo que se puede pasear sin apuro.



Cementerio de Ciriego de Santander

sábado, 2 de julio de 2011


Siempre he sentido predilección por visitar los cementerios de los lugares a los que viajo. Junto a los mercados son, creo, un buen lugar para poder palpar parte del pensamiento de la gente que habita el lugar que estoy visitando. En el cementerio se conoce cómo los habitantes de determinado lugar asumen la muerte, cómo se expresan ante ese suceso inevitable y definitivo. Por otro lado, el mercado me da una idea de la vitalidad, la energía y fuerza del sitio. Ambos lugares representan posiciones extremas y es allí, donde hay fricción de opuestos, en que salpican chispas de luz que nos permiten vislumbrar mejor el mundo, las ideas, las maneras de manifestar los sentimientos de un determinado grupo humano. 

Por pura casualidad encontré la página de la  “Association of Significant Cemeteries in Europe” el cual es un organismo que vela por la protección de algunos cementerios europeos a los que consideran de importancia histórica y artística. Entre los varios camposantos que ellos tratan de proteger está el CEMENTERIO DE CIRIEGO ubicada en el oeste de la ciudad de Santander, exactamente en el barrio de San Román de la Llanilla. Es curioso, en los manuales turísticos que uno consigue sobre esta encantadora ciudad española este cementerio no aparece como un atractivo y la verdad que bien podría serlo ya que la belleza del lugar lo hace un sitio único no solo por las fantástica riqueza artística que contiene si no también por el ambiente que lo rodea: un gran espacio plagado de verdor en los límites del mundo donde el infinito azul del cantábrico se deja ver detrás de las cúpulas de los mausoleos y de las alas de los ángeles esculpidos como si fuera un inacabable cortinaje que abrigara este universo donde solo palpita la nada.



Pero antes de empezar a pasear por CIRIEGO, hagamos un poquito de historia. Se sabe que este cementerio reemplaza a uno que estaba en un convento ubicado en el centro de Santander, específicamente en lo que es hoy el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria. Era una práctica normal en esa época que los muertos “convivieran” con los vivos pero también tenía mucho riesgo ya que esos cementerios podían ser (de hecho alguna vez lo fueron) focos infecciosos desde donde se propagaban enfermedades y epidemias. Al término del siglo XVIII Carlos III aprueba la edificación de camposantos ubicados en los extramuros las ciudades y es así como nace Ciriego.

Diseñada en 1882 por el arquitecto Casimiro Perez de la Riva, esta ciudad de los muertos parece una especie de reflejo de la de los vivos: presenta una bastante original estructura en forma de cruz en la cual las calles y espacios se organizan en bloques o cuadras. En estas arterias aparecen los refinados mausoleos de las familias ricas las cuales están delimitadas como lo habrían estado las casas que habitaron cuando estuvieron vivos. Y así como limitaron los espacios de sus terrenos también se encargaron de embellecerlos: se concentra aquí una parte de la expresión artística de los creadores del siglo pasado ya que este cementerio es un magnífico ejemplo de lo que puede ser considerado un verdadero museo al aire libre. La gran diversidad de esculturas, panteones, sepulturas y monumentos que se incluyen en este camposanto santanderino son un excelente muestrario de la rica producción funeraria española, hechas todas por maestros en construcciones fúnebres y patrones iconográficos. 


Felizmente la mayoría de ellos están en buen estado de conservación aunque hay muchos, de estimable valor, que presentan una imagen de lamentable abandono. Se supone que la administración de la ciudad no puede cuidar de ellos porque dichas tumbas pertenecen a particulares. Si el cementerio fuera considerado bien de interés cultural el gobierno tendría que velar por su mantención, al menos en teoría.


En la entrada de Ciriego hay un “Panteón de Hombres Ilustres de Santander” donde entre destacados nombres se lee del poeta español José Hierro, premio Cervantes, cuyas cenizas se encuentran aquí y quien alguna vez dijo que “el cementerio oía el mar”. Hay que pasear por las callejuelas de este lugar donde el insomnio de los ausentes reposa en un silencio sin límite. Aunque a veces, el graznido interrumpido de aves marinas se une al rumor repetido de las aguas del mar y suben como una hiedra invisible que irrumpe en este ámbito coronado de sigilos. Así, andando, podemos encontrar sitios de considerable interés como lo son los memoriales de LA CRUZ CENTRAL, de 1881 o el Monumento en memoria de las víctimas de la explosión del barco Machichaco de 1894. Es menester saber que esta fue una de las peores tragedias civiles acaecidas en España: El 3 de noviembre de 1893 la embarcación estaba atracada en uno de los muelles de Santander (exactamente en el de Maliaño) llevando en cubierta una gran cantidad de envases de ácido sulfúrico y poco más de 51 toneladas de dinamita. Un incendio en el barco propició la explosión del mismo y la muerte de 590 personas, dejando a su vez miles de heridos. Tal fue la magnitud del estallido que muchos fragmentos de hierro de la embarcación salieron disparados hasta 8 kilómetros de distancia matando a alguna persona. Varias partes de cuerpos humanos también fueron hallados en los tejados de algunas casas santanderinas y hasta una ermita medieval situada en el interior se desplomó al no resistir la envestida de la onda expansiva de la detonación.

LA CRUZ CENTRAL, de 1881

Monumento en memoria de las víctimas de la explosión del barco Machichaco, 1894 

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