Tras las huellas de Franz Kafka en Praga (2da parte)

viernes, 29 de julio de 2016

Como recordarán los improbables lectores de este blog en la entrada anterior empecé a seguir las huellas de unos de mis escritores favoritos en su ciudad natal: Franz Kafka. Había llegado hasta la plaza principal de Praga, ahora continuaremos desde allí hasta... 

1.CASA DE SIXTO (CELETNÁ, 2)

Desde la plaza sale la larga calle llamada CELETNÁ, que es la que te lleva a la famosa TORRE DE LA PÓLVORA. Cuando Kafka vivía en Praga esta era una calle muy comercial. Y lo sigue siendo. En el edificio ubicado en el número 2 vivieron los Kafka entre septiembre de 1888 y hasta julio de 1889.



2.LA CASA “ZU DEN DREI KÖNIGEN” o CASA DE LOS TRES REYES (CELETNÁ, 3)

Justo al frente de la casa de Sixto se encuentra este edificio a donde los Kafka se volvieron a mudar. Esta vez en septiembre de 1892. Hermann Kafka tenía allí su ya floreciente negocio desde 1887.




Franz encontró muy acogedor este sitio pues aunque siendo muy joven poseía una habitación propia, sencilla, con lavamanos, mesa, ropero, librero y un escritorio.  La atmosfera ideal para empezar con la creación de sus primeros esbozos literarios.

La familia viviría aquí 15 años. El Kafka jovenzuelo que llegó se iría de allí ya siendo un estudiante universitario de 24 años.

3.LA UNIVERSIDAD DE PRAGA (ZELEZNÁ 9)

Si sigues subiendo por la misma Celetná unos metros más, encontrarás a tu derecha el número 9 que es donde se encuentran los edificios de la universidad de Praga, la primera al norte de los Alpes, donde estudió y se doctoró nuestro autor.

En un principio Kafka quiso estudiar química pero, aunque no quiso nunca ser abogado, inmediatamente se pasó a Derecho pues esta carrera le aseguraba un puesto en el aparato estatal.




Los exámenes finales le daban mucho estrés pues era un tiempo que, como lo recuerda en su “Carta al Padre”, “con abundante agobio para los nervios, se alimentaba espiritualmente de aserrín, (…) que además ya había sido premasticado por miles de bocas”.




Sigue subiendo por Celetná y voltea a tu derecha por la calle OVOCNÝ TRH que te llevará hasta…

4.EL TRIBUNAL TERRITORIAL CIVIL (OVOCNÝ TRH, 14)

Este bonito edificio se encuentra en una plaza amplia y de piso empedrado que solía ser el mercado de la fruta. En ese lugar es que se encontraba el tribunal en donde Kafka empezó en octubre de 1906 a hacer sus prácticas como jurista.

Esa época de entrenamiento duró un año y no le causó gran satisfacción al escritor, pensaba que en ese tiempo iba a “perecer como un perro”. Pero al menos sirvió de algo: los pasillos largos y las salas de audiencia seguro fueron el combustible para su creativa imaginación: quizás de aquí nació la idea para escribir la fascinante novela “El proceso”.




Continúa por esa especie de calle – plaza hasta la número 3 de la que es donde se encuentra el KAROLINUM, otro lugar donde estudió nuestro escritor.

Sigue bajando dos calles hasta MELANTRICHOVA y voltea a tu izquierda. La callé cambiará de nombre (MÚSTKU) hasta llegar a la parada de Metro de MUSTEK y detrás encontrarás VÁKLAVSKE NAM, o PLAZA WENCESLAO, que es un boulevard ancho, largo y bastante animado.




5. LA ASSICURAZIONI GENERALI (Plaza Wenceslao 19).

Ya siendo doctor Kafka entró a trabajar en esta aseguradora. En realidad consiguió un puesto allí gracias a la influencia de su familia (quizás también gracias a Max Brod, otra cosa que el bueno de Franz tendría que agradecerle) ya que nuestro hombre no tenía las mejores notas.



Así que empezó a trabajar en esta empresa que tenía su local en este bello palacete. Allí desempeñó un trabajo “triste”, de ocho a ocho, y con unas vacaciones de 7 días al año, mientras soñaba con irse a países lejanos donde pudiera ver por la ventana “cementerios islámicos” o “campos de caña de azúcar”.

Unos metros más abajo, siempre en el mismo lado de la plaza llegarás a…

Tras las huellas de Franz Kafka en Praga (1era parte)

martes, 12 de julio de 2016

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.” Recuerdo muy bien este pasmoso arranque del librito aquel que alguno de mis hermanos dejó en la biblioteca de la casa de mi infancia. Creo que lo que me impactó fue la naturalidad con la que el escritor contaba una cosa tan horrible; como si estuviese contando una anécdota fútil.

Con los años le fui siguiendo la pista a este narrador y allí donde haya estado seguí leyendo sus libros con tanto interés que prácticamente devine un apasionado de sus obras. Y, fetichista literario como soy (ya he hecho varias rutas literarias en otras ciudades), decidí un buen día que tenía que seguir sus pasos allí por donde él habría vivido o estado. Seguí el llamado kafkiano. Y al conocer su ciudad pude entender mejor muchas cosas sobre su vida y obra. Y sí pues, aunque parezca un cliché debo decirlo: Kafka es Praga y Praga es Kafka.




Por eso, ayudado por el extraordinario libro “Franz Kafka y Praga” de Harald Salfellner, hice varias incursiones por la vieja y bella Praga siguiendo las huellas del fascinante Franz Kafka. Y de todo ello les dejo aquí estas entradas con la esperanza de que les sirva por si también desean hacer lo mismo. Les aseguro que no tiene pierde.

1. LA CASITA DE LA CALLEJUELA DEL ORO (Zlata ulicka 22)

Posiblemente el espacio kafkiano más conocido de Praga y el más famoso hasta entre los que nunca leyeron a Kafka. Como ya lo escribí en la entrada sobre EL CASTILLO, el gran Franz huía de las angustias de la ciudad y se refugiaba en este pequeño espacio de quince metros cuadrados que había sido rentado por su hermana. Allí es donde escribió muchos de los cuentos de “Un médico rural”, publicado en 1920.






Al escritor no le gustó a primera vista el sitio, le encontraba “todos los defectos posibles”. Pero poco a poco se enamoró del lugar y se creó el hábito de escribir siempre hasta las primeras horas de la madrugada. Luego bajaba por “la vieja escalinata del castillo” hasta llegar a su casa. Hay allí ahora una librería en la compré la guía literaria que tanto me ha  servido para armar este recorrido.

Interio de la casa de la callejuela de Oro. Hoy es una librería.

Hay que bajar desde El Castillo hasta el río mismo. Allí se debe caminar hasta el Cechuv most (PUENTE CHECO) para cruzar hasta la otra orilla. La extensión del puente es la calle Parizska (París) donde se ubica…

2. LA CASA ZUM SCHIFF (Casa del Barco, Parizska 36).

A esta casa se mudó la familia Kafka en 1907. Era una de las primeras lujosas casas de habitación hechas para alquilar. Lamentablemente fue destruida durante los últimos días de la Segunda Guerra y se levantó en su lugar, en los años 70 del siglo pasado, un hotel que hasta ahora se puede encontrar.


Vista del Puente Checo que Kafka debió haber tenido en la casa donde escribió La Metamorfosis.
Es importante ver este sitio porque fue allí donde Kafka escribió ni más ni menos que LA CONDENA y, sobre todo, LA METAMORFOSIS… sí, la novelita en la que Samsa se convierte en un monstruoso insecto y que tanto me impactó cuando niño, tal y como lo conté al inicio de esta entrada.

Al igual que el pobre Gregorio, Kafka “vivía en una habitación alta con las puertas laterales que se abrían a una habitación a la derecha y otra a la izquierda…”  El panorama que el escritor podía haber visto desde allí debe seguir siendo el mismo tal y como lo vemos ahora: el río y sus barcos, la escuela de Natación adonde le gustaba ir en verano, más allá la Torre del Belvedere en la cima del cerro de verdes laderas, la catedral de San Vito y el Castillo de Praga.




Pero entremos más en las entrañas de la ciudad, siguiendo por la misma calle Pariszka podemos llegar hasta…

3. LA VIEJA-NUEVA SINAGOGA (Cervená, Staré Mesto)

Como escribí en la entradasobre el BARRIO JUDIO, esta sinagoga es considerada la más antigua de Europa. Es posible visitarla pero comprando un ticket exclusivo pues hay otra entrada general que permite el acceso a las otras sinagogas del barrio. En sus diarios, Kafka nos cuenta el ambiente festivo que había en este lugar, sobre todo durante el Kolnidre (rezo judío).




Justo al frente de este templo se encuentra…

Por las calles de la mágica Praga (3cera parte) : El barrio judío

domingo, 1 de mayo de 2016

Yo no lo sé de cierto, pero supongo… que el barrio judío debe ser el rincón más bello de Praga. Al menos arquitectónicamente hablando. Yo quedé fascinado al caminar por sus calles en los que un edificio era más hermoso que al anterior y aquél menos que el siguiente. Será porque la arquitectura de las casas tienen ese estilo art noveau y art decó que son mi debilidad; o será porque su sinagoga española es la más bonita que he visto; o será porque tiene ese aura de sitio marginal que alguna vez fue y en cuyas calles palpitó con fuerza la fantástica presencia del aterrador Golem. Pues será el sereno, el hecho es que me encantó este rinconcito de Praga. Y eso que fui un domingo cuando lo que allí había más que nada eramos turistas. Pero como suele pasar, te sales de la ruta donde están las masas, caminas dos calles más y allí no hay un alma. Ni siquiera nativos. Y entonces andas por calles empedradas, a la sombra de bellas edificaciones, perdido en plazas vacías y silenciosas, y te sientes más dueño que nunca de una felicidad imperecedera. Así sea un gris domingo (que lo fue). Así estés solo. Así tu casa esté al otro lado del mundo. Así no entiendas un carajo lo que dicen los carteles. El barrio judío, o JOSEFOV, como le llaman, es increíble.




Esta zona de Praga se encuentra a pocas calles de la Plaza Principal por lo que es muy fácil llegar. Si bien el solo hecho de caminar por allí ya es darle un homenaje a la vista, te recomiendo que organices tu visita teniendo como motivo principal las sinagogas. Si es así debes ir a la VIEJA- NUEVA SINAGOGA (la más antigua de Europa y donde cuenta la leyenda está enterrado El Golem) pues justo al frente, en la tienda JUDAICA y PRAGENSIA, se vende el ticket que te permite la entrada a varios de las sinagogas por lo que tienes que conservarla contigo pues debes mostrarla en cada sitio que visites. Tal y como sucede con la compra del ticket para visitar EL CASTILLO (ver entrada anterior) hay aquí opciones. Yo compré el de 300 coronas que incluía al cementerio y todos los otros templos judíos (excepto la Vieja-Nueva) sobre los que escribiré a continuación.

VIEJA-NUEVA SINAGOGA. PRAGA.

LA SINAGOGA MAISEL

Es el que tenía más a mano desde la tienda donde se compran los tickets por eso empecé allí mi recorrido. La verdad es que a primera vista me llamó la atención su fachada medio gótica. Una una vez dentro me impresionó su planta dividida en tres naves, como si fuera una iglesia católica. No sabía también que esto fuera característico en un templo judío pues los que conocí en Toledo contenían (hasta donde recuerdo) grandes plantas indivisibles.

SINAGOGA  MAISEL. PRAGA.
SINAGOGA  MAISEL. PRAGA.
Esta sinagoga ha sido reconstruida muchas veces, y es hoy un museo por lo que aparte del recuerdo de lo que un día fue lo que más importa aquí es su exposición. A su favor se puede decir  que la museografía es muy interesante: han puesto unas pantallas que se pueden tocar y que permiten que la visita sea muy interactiva y entretenida. Pero a su vez hay algunas partes muy oscuras en los que apenas se puede leer las cartelas. Hay además baños por si lo necesitas.

SINAGOGA  MAISEL. PRAGA.
SINAGOGA  MAISEL. PRAGA.

Por las calles de la mágica Praga (2da parte): El castillo

martes, 19 de abril de 2016

Como recordarán los improbables lectores y lectoras de este blog, en la entrada anterior empecé a contarles mis andanzas por Praga, exactamente por el Staré Mesto o Ciudad Vieja. Quería volver a esa zona pues por allí se encuentra el maravilloso Barrio Judío, pero me enteré que el cementerio no abre los sábados así que ese día decidí quedarme en MALÁ STRANA, es decir en la zona que está al otro lado del río Moldava (y donde se ubicaba mi hotel), y ascender hacia un fascinante rincón de Praga.

2. MALÁ STRANA: EL CASTILLO

No sé si estoy muy contaminado por las ficciones de Kafka pero cuando me perdía por las calles angostas o sinuosas de Praga sin encontrar el camino exacto que me permitiese subir hacia el Castillo me sentía como el agrimensor K. intentando llegar como sea hacia el huidizo fortín. Hasta que por fin hallé el camino correcto y subí los anchos escalones que suben hasta la calle JIRSKÁ, lo reconocerás porque allí se encuentra el Palacio Lobkowiczky. Un poco más adelante del palacio, entrando hacia una especie de plazoleta localizada a la derecha, está el lugar donde se paga la entrada para visitar la zona del Castillo.



Hay tres opciones de visita. El tour A, el B, o el C. Obviamente el A es más completo y más caro, yo compré el B y me costó 250 coronas. Quedé más que satisfecho. Incluye la visita a cuatro lugares: EL VIEJO PALACIO REAL, LA BASÍLICA DE SAN JORGE, LA CALLE DORADA y LA CATEDRAL DE SAN VITO.  Fácilmente te puedes perder en ellos 4 horas. Así que la opción A (que cuesta 350 coronas) y que añade a estos lugares varios más quizás es algo excesiva.

La calle dorada

Yo empecé la visita en la CALLE DORADA, puesto que lo tienes a unos pocos metros del lugar donde venden los tickets. A la entrada de esta especie de pasaje hay unos hombres que controlan el ingreso.



La calle es un encanto. Las casas que se ubican allí son pequeñísimas y todas están pintadas de colores muy vivos. Algunas han devenido negocios, y en otras no vive nadie pero puedes entrar a verlas, aunque eso sí, desde detrás de un cristal. En esta área vivieron los sirvientes del castillo y también artesanos. A mí me llamó la atención las historias (están escritas en carteles) de algunos de los vecinos que pasaron un tiempo aquí: en el número 14 vivió Matilde Prusová, quien vivió esperando el regreso de su hijo muerto en la Primera Guerra Mundial. Ella se convirtió en quiromántica y su fama trascendió fronteras. La Gestapo la mató, posiblemente por haber predicho el fin del Tercer Reich.  En el número 12 vivió Joseph Kazda que salvó muchas películas y documentales checos de la destrucción nazi. Él alquilaba varios espacios para mantenerlos en secreto, uno de ellos es este lugar.



     Y claro, el vecino más ilustre del lugar es el gran Franz Kafka, quien solía venir a retirarse del mundanal ruido en el número 22, lugar donde vivía su hermana. Él nunca vivió en ese lugar. Ahora hay allí una tienda dedicada obviamente al genio de Praga. Entré a curiosear y me pareció casi un rincón monacal, imagino que era el ideal para un hombre concentrado en escribir y escribir. Allí compré un libro sobre la vida de Kafka en la ciudad, el cual usé para el recorrido que hice siguiendo las huellas del gran Franz y el cual escribiré luego. La mujer que atiende el sitio fue muy gentil (en realidad todas las personas que dan algún tipo de servicio en la ciudad son muy encantadores) y me tomó un par de fotos con la casa.




La catedral de San Vito.

Desde LA CALLE DORADA me fui directamente a la alucinante CATEDRAL DE SAN VITO. Obra maestra de la arquitectura. Se necesitaron 600 años para verla terminada, de allí la mezcla de estilos (aunque se impone más el gótico) en su estructura.


Por las calles de la mágica Praga: La Ciudad Vieja o Stare Mesto

miércoles, 6 de abril de 2016

Tal y como me ha pasado con muchas ciudades, yo ya había ido a Praga sin haber ido nunca. Kafka tuvo la culpa. Y aunque en sus ficciones, hasta donde sé, nunca la nombra, es indudable que fue Praga el sitio que el bueno de Franz tomó como referencia para que se desarrollen sus historias. Así que allí me fui, esta vez físicamente. No podía irme de Europa sin conocerla. Menos aun estando a 4 horas de Múnich, ciudad en la que hasta hace muy poco vivía.

¿Qué decir de Praga que no se haya dicho ya? Sí, es fascinante perderse a la sombra de ese laberinto de torres y agujas; y caminar al borde de ese ancho Moldava; y tomarse una buena cerveza checa. Pero también aturde la gran cantidad de turistas que hay en esta maravillosa ciudad, y eso que cuando fui era temporada baja. Aunque felizmente todos se concentran en el mismo sitio por lo que si caminas un poco estarás muy lejos de todos ellos. También aturden los muchos jóvenes que viajan para emborracharse y pasar el fin de semana haciendo el mayor escándalo posible. Pero en fin, es algo casi inevitable.

Recorrí la ciudad dividiéndola en cuatro zonas para que se hicieran más fácil la visita y la narración. Aquí te daré unas recomendaciones de qué sitios conocer en Praga y espero que sean de tu gusto.

1. LA CIUDAD VIEJA

Mi hotel se ubicaba a cinco minutos a pie del famoso PUENTE CARLOS (ver información abajo). Dejé mi mochila allí en el hospedaje y empecé la caminata. 

A esas horas de la tarde (15:00) el puente no enamora. Para nada. Más parece una avenida de una gran ciudad en donde se compra y vende de todo. Y lo que más abunda (junto con los turistas) son los músicos callejeros y los dibujantes que te hacen trabajos al paso. Todos los caminantes estaban preocupados en ver todo eso, como si no los pudieses ver en otro lugar del mundo. Casi nadie miraba el río, ni los bellos monumentos que adornan el puente, ni el puntiagudo perfil de la ciudad. Para evitar todo esto re recomiendo ir muy temprano por la manaña. Eso hice yo y pude tomar las fotos que están aquí.








En fin. El hecho es que hay que pasar por ese purgatorio para llegar hasta la calle KARLOVA, todo tiendas y tiendas y tiendas. A pocos minutos de haber dejado el puente se puede encontrar, a mano izquierda, la entrada al fascinante KLEMENTINUM. Debes estar atento pues pasa desapercibido, yo lo confundí con la entrada a una casa común y corriente. Así que entras al patio y allí ves con facilidad la puerta donde se compran los tickets.

Aquí me pasó algo bastante curioso: conocí a un chico peruano-checo que se llamaba también Pablo. Estaba entrenándose para ser guía en el lugar así que ya sabes, cuando vayas quizás esté allí este chico y te pueda guíar en español pues normalmente los guiados son en inglés. El KLEMENTINUM es una gran construcción hecha por los jesuitas y que fue en su tiempo universidad y es sede ahora de varias bibliotecas. Allí puedes visitar la BIBLIOTECA BARROCA, una maravilla de maravillas, como bien dijo mi amiga, es como llegar al “nirvana librario”. También se sube a la SALA DEL  MERIDIANO que es una buena exposición de aparatos astronómicos, y, finalmente, a LA TORRE ASTRONÓMICA Y MIRADOR desde donde las vistas de Praga son una belleza. 


Biblioteca Barroca. Foto de https://www.routeperfect.com/
Vistas de Praga desde el Clementinum.

Vistas de Praga desde el Clementinum

Vistas de Praga desde el Clementinum.

Hay que seguir por la calle Karlova hasta la plaza principal. Allí, si te olvidas de todos los negocios, los endemoniados segway que están a punto de atropellarte siempre (¡qué invento tan horrible!) y los  miles de turistas, que como tú y como yo buscan también la experiencia, te podrás concentrar en la belleza excelsa de todos los edificios que hay alrededor. De cajón te llamará la atención el RELOJ ASTRONÓMICO al que puedes subir previo pago para tener una gran vista de la plaza y mirar abajo las bocazas abiertas de todos los turistas que esperan la hora en que el mecanismo se ponga a andar y haga su espectáculo. En el centro de la plaza está el monumento a JAN HUS (recordé en ese momento cuánto me emocionó leer la historia de este personaje en la enciclopedia histórica de Carl Grinberg que tengo en mi casa de Perú), y más atrás la Iglesia de Nuestra Señora del Týn y sus puntas que le dan ese toque de misterio tan indescriptible. O seré yo el que la asocia con esa idea pues en la portada del fantástico (por bueno y por género) libro “La noche de Wulpurga” de Meyrink , que leí alguna vez, se veía la silueta de esta iglesia en sombras, como algo amenazante.






    Por la calle CELETNÁ, que parte de la misma plaza, y es también bulliciosa y comercial, se puede llegar hasta LA TORRE DE LA POLVORA, que en otros tiempos fue una de las entradas de la ciudad. Lo que ves ahora es el resultado de una renovación que se le hizo en la segunda mitad del XIX. Aun así no deja de ser impresionante.


Escrituras nómades: Tres cartas desde los Andes de Patrick Leigh Fermor

martes, 22 de marzo de 2016

La primera vez que leí a Paddy Leigh Fermor me enganché tanto con su obra y figura que quedé hechizado, como les pasa a casi todos sus  admiradores. Me dije que yo quería hacer lo mismo que él hizo: caminar desde Holanda hasta Turquía tal y como lo relata  en sus bellos “El tiempo de los Regalos” y “Entre los bosques y el agua”. De hecho quería ser como él. ¡Ay! Esas ganas que uno siempre tiene por copiar las vidas novelescas de sus héroes.

Lo que nunca imaginé es que yo ya había caminado por los sitios donde mi ídolo había andado. Y que lo había hecho sin irme tan lejos. ¿Cómo fue eso posible? Pues fácil. El gran Paddy había caminado por las mismas calles donde paseé yo los días de mi adolescencia y juventud, y por donde (ahora que me he mudado a Perú) he vuelto a andar. Sí. El gran escritor inglés había deambulado (sin mucho entusiasmo, hay que decirlo) por esta Lima tan extraña e intensa. Y desde allí se fue hacia los Andes para hacer alpinismo por primera vez en su vida. ¡Y ya bastante entrado en años! Cuándo no Paddy siempre joven, aventurero y vital.

El resultado de todos esos recorridos por el Perú los plasmó el gran viajero en unas cartas que envió a su mujer y que conforman este libro. Posiblemente no es una de las grandes obras maestras del inglés pero no está muy lejos de ellas. Además tiene el encanto de lo inmediato pues son escritos que hacía cada vez que acababa una agotadora y excitante jornada; a diferencia de la mayoría de sus libros que son escritos algún tiempo después de hecho el viaje y que le permite construir esas páginas de frases largas, barrocas y bellas.  


La mayor parte de ese viaje que hace con un grupo de amigos lo pasa en los Andes, obviamente. Cusco, Puno, Arequipa, son lugares que despiertan en el gran Paddy pasión y, en algunos otros casos, rechazo; y como siempre nada se escapa la mirada atenta y curiosa del escritor: desde la maravillosa combinación de los muros incas y las columnas españolas, hasta el color “cuervo” de las trenzas de las mujeres andinas, pasando por la abundancia de perros en las calles, la fuerza de los porteadores, la gran amabilidad de las personas de los villorrios más apartados que salen a saludarle ceremoniosamente. Sacsayhuamán es una de las fortificaciones más impresionante que ha visto, y hasta las piedras de Machu Picchu le parecen más grandes que las de Micenas y Tirinto… ¡cuando yo estuve en Micenas pensé lo mismo!

Una lección que uno siempre aprende de las obras y vida de Paddy es esa curiosidad insobornable por vivir, probar y aprender de todo: es un sibarita que en fiestas bulliciosas y descontroladas bebe abundantes pisco sours (los cuales lo vuelven “políglota”), pero que al día siguiente va a claustros hermosos (el del cusqueño monasterio de La Merced, por ejemplo) a ver cuadros con la vida de santos y otros de la escuela cusqueña (alguna de las cuales le parecen “fascinantes”), o que intenta aprender quechua (lleva un libro de gramática, un diccionario y un libro de poemas).

Las páginas de este libro rebosan entusiasmo, algo muy característico en las obras de Leigh Fermor. Sobre esto lo ha escrito bien Jacinto Antón en la introducción: varias frases del escritor son un llamado a vivir intensamente: “el futuro refulge de planes”, la celebración por haber subido una montaña por vez primera es para él un “día memorable”, “…un día mágico…”, “nos sentimos… nutridos por maravillas que podemos ir recordando durante años”

      Por eso, en sus libros nunca falta humor, ese gran amigo del entusiasmo. Hace chanzas con el soroche (“una venganza que los Hijos del sol infligen a los correligionarios de los conquistadores”), y relata sus graciosas experiencias con el administrador del hotel Plaza de Juli, un personaje realmente siniestro.

¿Algunas cosas que me quedan en la memoria? Sus descripciones de las ciudades peruanas por donde Paddy viajó y que le despiertan sentimientos diametralmente distintos:  Cusco: “Todo lo que te pueda contar sobre esta hermosa ciudad será insuficiente”; Arequipa es una ciudad “impactante, espléndida”; Puno le desagrada (“la terrible ciudad”); Juli (donde busca libros de los antiguos jesuitas, cuando conocí este sitio también juro que quise hacer lo mismo) tiene una “exigua desolación”; Lima es “un caos salvaje de rascacielos de mala calidad”, “una capital deprimente” que tiene sobre ella un “paño morturio que cuelga… trescientos días al año”, y un cielo “cargado de agua”… (¡Pero si no llueve!).

Y también hay cosas que el viajero vive en Lima y que me llamaron la atención: por ejemplo, se acerca al museo Larco (aunque no dice el nombre, arguyo que es ese), y a diferencia de otros no se entusiasma por la cerámica antropomórfica pues le parece una “especie de cultura Toby Jug”. Se equivoca al decir que el palacio de Pizarro que se encuentra al otro lado de la plaza de Armas es “un lugar donde cada año se celebran corridas de toros”. Participa en una cena con el señor y la señora “Porros –aristócratas, anglófilos y amables-”. ¿Habrán sido los Porras?


Foto de http://www.theguardian.com/international
Cena en un restaurante ubicado en un palacete español llamado “Las Trece monedas” ¿Será la que está por jirón Ancash cerca del Escuela de Bellas Artes? Come y le gusta la comida china. Y en el bar del Hotel Bolívar (donde tantas veces me he tomado mis amados pisco sours) se sienta a escribir. Visita la casa de Santa Rosa, el palacio de Torre Tagle, la casa de Pilato, San Francisco, el museo de Historia Natural (¡que no lo visita nadie!), el Museo etnológico (imagino que se referirá al de Pueblo Libre), el de Oro. Y en el camino a su hotel su curiosidad muerde el anzuelo en forma de música que venía de un club nocturno subterráneo y oscuro al cual estuvo a punto de bajar pero no lo hace… ¿sería elbar MUNICH? ¡El que era (es) mi bar favorito en Lima!

Algunas cosas que narra el viajero y que parece que no cambiarán, lamentablemente: el salvajismo de los conductores, las muchas muertes en las carreteras, el hecho de reclamar airadamente para que las cosas funcionen.

En resumen, “Tres cartas desde los Andes” es un libro que como todos los de Paddy irradia amor por la vida, el viaje, el exotismo, la aventura. Al terminarlo uno reafirma su amor por tremendo escritor.

La traducción de Payás es estupenda aunque hay errores que pudieron haber sido del narrador pero que con una nota al pie de página bien se podría haber solucionado. Se escribe, por ejemplo, Maraños en vez de Marañón (página 40), Hayna Pichu por Huayna Picchu (página 43), río Llave por Ilave (página 122), Chicuita por Chucuito (página 143), chufas por chifas (página 164).

      Espero que disfruten de este hermoso libro que habla sobre mi querido Perú. ¡Un abrazo viajeros y viajeras!


Pablo

Escrituras nómades: Paisajes peruanos de José de la Riva-Agüero

domingo, 7 de febrero de 2016

     Desde hace ya un buen tiempo leo con pasión mucha narrativa de viajes. He leído a varios autores y todavía me faltan muchos, muchísimos más, por leer. Espero, ruego, imploro, deseo, anhelo, sacar tiempo de donde para hacerlo.


     He reseñado en este blog algunos libros del género, y también he copiado frases que me encantaron y encontré en muchos de ellos. Si los quieres ver tienes que ir a la etiqueta ESCRITURAS NÓMADES o LA POESÍA DEL VIAJE y tendrás la lista completa de los, hasta ahora, libros reseñados.


     Al principio mi acercamiento fue sobre todo a la narrativa de viajes hecho por escritores europeos que contaban, casi siempre, sus reflexiones y aventuras en lugares como Asia o África. Pero desde no hace mucho, me estoy enfocando más en leer y reseñar la obra de escritores (peruanos o extranjeros) que han narrado sus viajes por el Perú (ya he reseñado "El Perú a toda costa" de Ricardo Espinoza): he elaborado ya una lista larga de libros a comprar cuando vuelva a mi país, y otra más con obligadas relecturas de textos (Omar Zarzar, Rafo León, etc.) que tengo en mi casa de Lima.


     En ese sentido, hace poco terminé de leer "Paisajes peruanos" de José de la Riva-Agüero. Libro que me traje de Lima a Europa y en el que me adentré más o menos guiado por las opiniones que da sobre este autor el gran Wili Reaño (cuyo libro "Viajando por el Perú" he reseñado en la entrada anterior).


     Hablar sobre la biografía y el pensamiento del hombre que escribió "Paisajes peruanos" (en realidad esta colección de escritos que aparecieron en el Mercurio Peruanos entre 1918 a 1929, se tituló "Paisajes andinos") daría para mucho. Con la ventaja que da la distancia en el tiempo se le podrían reprochar varias cosas (todavía se le injuria, no tanto por su aporte intelectual –debe haber sido uno de los intelectos más poderosos de nuestro país- como por su condición de aristócrata; ya se sabe que la crítica fundamentalista y ciega se queda en lo superficial y casi nunca se atreve a profundizar), pero hay cosas que son loables en su pensamiento y que bien se reflejan en este hermoso libro: aquella idea entonces novedosa y (digamos) revolucionaria de considerar al Perú como un país que amalgama dos tradiciones espirituales, que se complementan, que en su violenta unión han formado esto que somos: nuestra ascendencia inca y española. La una no puede vivir sin la otra. Si negamos una, nos estamos negando a nosotros mismos, y eso nos deshumaniza, nos vuelven remedos de humanos; seres incompletos; sonámbulos.


     Y digo revolucionaria (puede que esa idea hoy todavía lo siga siendo) para la época del autor. Momento en que el indio era visto como una rémora para el desarrollo del país. Pues es justamente allí, en ese momento, que De La Riva-Agüero, un aristócrata descendiente directo de conquistadores españoles, vindica el papel de lo inca y reclama su inserción en el espíritu peruano.
 

"El Perú es obra de los Incas, tanto o más que de los Conquistadores; y así lo inculcan, de manera tácita pero irrefragable, sus tradiciones y sus gentes, sus ruinas y su territorio."

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